La diabetes tipo 1 (DM1) es un síndrome hiperglucémico que resulta de la destrucción autoinmune de las células beta pancreáticas. Tras el diagnóstico e inicio del tratamiento, en alrededor del 50% de los pacientes, se puede obtener lo que conocemos como periodo de remisión parcial1, de duración variable y caracterizado por una cierta recuperación de la función de las células beta con el consiguiente incremento de la capacidad de producir insulina. Cuanto más largo sea este periodo, mejor es el pronóstico, a corto y largo plazo, de la diabetes, disminuyendo el riesgo de hipoglucemias graves, de complicaciones crónicas, mejorando el control lipídico y el crecimiento y haciendo más fácil el control posterior. Para poder conseguir la prolongación de este periodo es necesario un buen control metabólico, para lo cual contamos con una excelente herramienta tecnológica, la monitorización continua de glucosa intersticial (MCG), que debería utilizarse en todos los pacientes pediátricos desde el diagnóstico. Se han obtenido resultados positivos de retraso en el diagnóstico de la DM1 y alargamiento de la fase de remisión con la utilización de anticuerpos monoclonales como el teplizumab.