En este artículo se busca destacar la producción de subjetividades percibida con el uso de la aplicación Grindr. Allí, los perfiles falsos asumen diferentes modos de objetivación basados en sesgos culturales de vertientes posestructuralistas. Elaboramos un perfil a partir de una foto sin rostro. Entrevistamos a veinte usuarios, a quienes preguntamos: “Qué te hace producir un perfil y no mostrar tu rostro? Nos damos cuenta de que las formas de interacción social como resultado en defensa de aquellos que articulan, asegurando al mismo tiempo, posponer el contacto con los ojos. Observamos también que, en relación con las prácticas sexuales, ser pasivo significa, en este entorno virtual, un argumento para la exposición no explícita de los sujetos. Otra justificación para ocultar su imagen es la posibilidad de expresar deseos sin tener que asumir la responsabilidad que ello acarrea o sus consecuencias. Sin embargo, todas las interacciones indican formas de producir y educar a los usuarios de la aplicación.