La pérdida de seguridad y garantías que otorgaba un Estado benefactor fueron absorbidos por un mercado voraz que pregona por la constante renovación y responsabiliza a los individuos de a hacerse cargo de sí mismos. La incertidumbre y miedos generados por la falta de garantías comienzan a ser llenados con la tecnología; el boom de las pantallas y la instauración del reino de lo virtual abren espacio a la comunicación interactiva y a la figura del usuario creador de contenido. En este contexto las redes sociales funcionan como una herramienta que ofrece la posibilidad de una libre elección y de construir una imagen idealizada; sin embargo, esta supuesta libertad viene acompañada de un trasfondo que responde a intereses económicos a través de la venta de datos de los usuarios. Este artículo reflexiona sobre estas transformaciones, y pone énfasis en el caso de Facebook y las repercusiones que tiene esta plataforma dentro de la lógica consumista sobre sus usuarios.