Rubén Darío sacó de su bolsillo dos monedas de cien pesos. Una se la entregó a Nelson, quien se encontraba a su izquierda, y la otra a Paola, quien yacía a su derecha. Los dos maestros sorprendidos, recibieron la indicación de mirarlas y luego rotarlas, las monedas circularon por las manos de todos los coinvestigadores, segundos más tarde llegaron a su respectivo dueño. Rubén Darío miró también las monedas, las guardó en su bolsillo y clavó su mirada sobre Carlos Ariel y Luis Eduardo