El siglo XXI, un siglo, hasta el momento sin grandes transformaciones conceptuales, ha estado marcado por el desarrollo de las ideas de finales del siglo pasado (Aznar, 2013, p. 2). Como resultado un mundo poliédrico acaba proyectándose sobre un único plano generando una situación nueva y múltiples incertidumbres (Aznar, 2013, p. 2). Las instituciones son hijas de su tiempo (Aznar, 2013, p. 7). Una de esas instituciones, que sin duda, es la guerra, que estampillada por el pensamiento de los hombres que la llevan a cabo no pierde por ello sus esencias; la guerra evoluciona con el hombre y en ella se inscriben todas las formas de violencia organizada (Aznar, 2013, p. 7). Es territorio de crueldad (Aznar, 2013, p. 7). Pero, no se olvide, también lo es de encuentro (Aznar, 2013, p. 7).