El vínculo entre la sociedad y las estructuras de poder (representa- das históricamente por el Estado y la Iglesia), se ha particularizado por una fuerte relación desde la cual estas últimas se proyectan de manera do- minante sobre la primera, incidiendo así en la formación y transformación de las mentalidades y los imaginarios colectivos. De esta manera, la educa- ción, los modos de producción y de distribución de la riqueza, la cultura y las formas físico-espaciales, entre otros aspectos, aparecen como re- presentación social de dicha men- talidad e imaginario; la Iglesia, el templo (edificio religioso) y el culto no se apartan de ello.