La concepción predominante de la argumentación sigue privilegiando la dimensión representacional del lenguaje y, en consecuencia, ignora o infravalora las funciones compromisorias, directivas o expresivas de la argumentación. En este artículo examino los usos de la argumentación en la esfera pública -con especial atención a la deliberación y a la negociación- para poner de manifiesto y reivindicar la importancia de las funciones no persuasivas de la argumentación, entre las que se destaca la construcción y moldeado de identidades sociales.