Somos animales cuya forma de habitar la realidad, lo que llamamos conciencia, está mediada por los instintos y los afectos. Como seres biopsicológicos estamos circunscritos a los procesos naturales evolutivos, de ahí que la simulación interna que hacemos de la realidad esté condicionada por cómo nuestro cerebro interpreta los estímulos externos del medio.