Como la llama que rápidamente se propaga sobre vegetación seca, el término “políticas públicas” ha venido haciéndose presente en el discurso, la planeación y la ejecución de mucho de lo que observamos como gubernamental. La metáfora no es gratuita: aplica, por supuesto, a la velocidad con la que el término se ha ganado un espacio propio y, al mismo tiempo, con las consecuencias esperadas.