Cabe resaltar, tal como lo plantea Laynez (2010), que “la música es un fenómeno social y debe ser estudiada dentro del contexto en que se crea, interpreta y asimila”, esto, aplicado al caso específico presentado, nos lleva a resaltar que dichos ritmos, aún al surgir en contextos distintos, representan una constante histórica de esclavitud y violencia sistemática por las cuales atravesaron los grupos en los cuales se gestaron, en otras palabras, la esclavitud y segregación por la que pasaron las comunidades afro de Colombia y EE.UU marcaron de forma trascendental el desarrollo de estos ritmos. Estos hechos también permitirían en su momento la construcción de todo un entramado de prácticas y costumbres completamente propias y que servirían de bases para la consolidación de una identidad completamente alterna a la impuesta en los procesos colonizadores y de esclavitud.