“Mamá, sigo aquí esperando mi libertad. Se despide tu hijo, que te quiere, que te ama. Pronto llegaré”, dice un aparte de una de las cartas que le envió José Gregorio Peña Guarnizo a su tía, en una vieja hoja de papel, mientras estuvo secuestrado. En el año 2000 aún existía la esperanza de verlo con vida. Hoy el dolor de su muerte, que ocurrió en 2003, sigue intacto para su familia, eso dice su tía Kelly Guarnizo, quien lo crió y amó como a un hijo. Además de su ausencia, lamenta el olvido. “A un can- tante lo recuerdan cada año, a él, que fue un héroe de la patria, ya lo olvidaron”.