Ser docente es una decisión difícil en Colombia, la gran mayoría llega a la educación por circunstancias diferentes a una profunda vocación, no obstante, la exigencia de la labor promueve la cualificación y, en muchos casos, el florecimiento de verdaderas vocaciones y compromisos heroicos.Este es un país de contrastes y desafíos, la educación, al final del gobierno saliente, muestra cifras esperanzadoras en cobertura y calidad, sin embargo el camino es largo, no bastan las cifras, es necesario entender que la educación es urgencia manifiesta en la construcción de un país mejor y en paz.El impacto en las regiones, en la gente de a pie, en el ejercicio de la ciudadanía plena de derechos, aún no es contundente.Las cambiantes políticas de estado para el sector educativo, a veces, llevan a creer que la calidad se gesta en el compromiso que tienen las personas que integran las comunidades educativas, lejos de los entes de regulación; son docentes, estudiantes y equipos administrativos, quienes llevan sobre sus hombros el verdadero desafío de la educación de calidad.Cada docente es en sí mismo un agente de cambio, su postura, su aporte, su gestión, lo que siembra en el pensamiento de las personas que toca con su práctica discursiva, se materializa en nuevas ciudadanías, la comunidad de estudiantes es siempre una oportunidad para la construcción de entornos de bienestar en contextos sociales específicos.Los procesos de transformación en la educación empiezan por la transformación misma del docente, son sus ejercicios de cualificación la primera chispa que activa nuevas dinámicas en el aula de clase, los horizontes se amplían, es como si el docente fuese un viajero que narra su travesía y motiva a estudiantes a cruzar sus propios límites y fronteras.