El ámbito emocional se hace necesario en la formación inicial del profesorado respondiendo a las funciones que conlleva el ejercicio del rol docente, cuyo cometido es el desarrollo integral del sujeto. Partiendo de esta premisa, se presenta una investigación realizada en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación[1] de Santiago de Chile, con el objetivo de conocer qué y cómo se trabaja el citado ámbito mediante un estudio de caso múltiple. Para ello, se cuenta con un grupo de estudio de 6 profesoras, seleccionadas a través de un muestreo deliberativo. Los resultados arrojan que todas las profesoras incluyen el ámbito emocional en sus aulas considerándolo primordial para la formación docente, atendiendo a las cinco competencias emocionales (Bisquerra, 2016). Las prácticas que ponen en acción son diversas, coincidiendo la mayoría de ellas en: reflexiones escritas, diálogos y/o conversación y ejercicios corporales.