Los acontecimientos políticos ocurridos en Ucrania que desataron una guerra civil en el oriente del país y que trajeron como una de las consecuencias más visibles la separación de la península de Crimea y su posterior anexión a la Federación Rusa, puede analizarse desde la división interna de la élite y la población ucraniana durante la post Guerra Fría. Este hecho se explica, desde la geopolítica crítica, por la interpretación divergente del espacio que suscitó una doble fragmentación: territorial (oriente/occidente) y de bloques (élite política/ciudadanía), que ha imposibilitado el surgimiento de una organización sólida e independiente. El resultado de esta doble tensión es la eclosión de lo que se denominará un “Estado bipolar”, que es justamente la característica esencial de Ucrania en la era post-soviética.