El psicoanálisis y la filosofía mantienen una relación que debe leerse en el más complejo sentido de una ambivalencia originaria, que constitutivamente retorna. Da igual que se trate del eterno retorno de lo mismo, del retorno de lo reprimido o del retorno a Freud, porque en todos los casos se trata de poner en juego ese ejercicio enigmático, tan característico de la filosofía, que descubre sus objetos en el propio discurso, con ánimo a generarse un lugar que sirve como reflejo de un “otro” especular al que tiende con el mismo ahinco que lo repudia. Por ello, tanto el lenguaje de la filosofía como el del psicoanálisis están atravesados por una pregunta fundamental, y a menudo latente, que tiene que ver con la propia condición ingenua y tirana del sujeto.