Lo que aquí se presenta corresponde al primer intento por conectar los calendarios tipo cartel impresos en España y en América, estudio preliminar que invita a pensar en un tiempo a escala imperial, sincronizado y tendiente a lo sintético, propio del pensamiento barroco, por lo tanto, anterior a cualquier conquista decimonónica, a toda sistematización ilustrada e incluso vigente más allá de las rupturas independentistas. Se sostiene que semejante cobertura solo fue posible mediante el uso de la imprenta, cuyas limitaciones técnicas condicionaron, a su vez, la representación del tiempo —su materialidad—. Esta resultó ser una cuadrícula compuesta por unconjunto de listas atiborradas de abreviaturas que se suponía condensaban en un pliego todas las temporalidades del llamado planeta católico. Se concluye que tal retícula temporal quedó grabadacomo impronta en la memoria de los habitantes peninsulares y americanos gracias a la relativa facilidad con que se componían, imprimían y consultaban; no en vano su estructura gráfica sereprodujo por más de dos siglos en ambas partes del océano. Todo ello para hacer hincapié en la tesis de que el tiempo se constituye socialmente tanto como el soporte gráfico en el que se consigna.