Convertido en ícono de modernidad el Metro de Lima Línea 1 lleva de un lado a otro a los ciudadanos que necesitan de ese servicio pero que dentro del mismo se someten a una serie de normas de conducta que regulan su comportamiento, que fueron ideadas y pensadas por el mismo organismo que administra éste medio de transporte pensando quizás -como sucede con muchas franquicias- acercar el modelo global a una realidad particular pero sin justamente mirar las características locales. El trabajo de campo permite descubrir unos primeros hallazgos indicando que estamos ante el surgimiento de una nueva cultura moderna de transporte. Interesa el análisis de las personas que suelen modificar y en algunos casos reafirmar sus hábitos de comportamiento ante el uso de este nuevo espacio. Descubrimos que en varios casos no se cumplen las promesas vendedoras de las autoridades, como el ahorro de tiempo.