En la actualidad, la investigación se ha convertido en una actividad necesaria y pertinente para la formación de las nuevas generaciones. Hoy, las prácticas pedagógicas se desarrollan como actividades experienciales basadas en diseños teóricos y metodológicos alternativos, como la Comunicación para el Desarrollo (Gumucio, 2001 y 2011) y el Diseño basado en Experiencias (Press y Cooper, 2009). Estas (re) significan el lugar de los estudiantes, quienes se afianzan cada vez más como investigadores que llevan al escenario educativo sus experiencias como puntos de diálogo y reflexión sobre el cómo -más allá del qué- se debe aprender para vivir en comunidad. Desde un enfoque innovador, se presentan los casos de éxito en prácticas educativas atravesadas por fenómenos de violencia urbana y sicarial en la comuna 8 de la ciudad de Medellín, Colombia, con el fin de comprender cómo el espíritu inquieto y la capacidad de asombro de los jóvenes de esta comuna, les permiten transversalizar sus experiencias de vida, de manera flexible e integral, como formas de conocimiento que deben abordar en sus escuelas. Este artículo presenta una forma que permite comprender el sentido de la didáctica para vivir en tiempos de crisis y para experimentar la vida como un aprendizaje.