La planificación de las ciudades, se ha convertido en un enfrentamiento entre posturas que históricamente han trabajado aisladas: la conservación y la utopía, una ciudad tradicional que siendo victima del crecimiento en masa, se niega a través de planes totalizadores modernos que buscan acabar con su identidad. Estos dos bandos pueden trabajar como bisagra en la perfecta unión y correspondencia a un todo, la ciudad vista como un collage al entrar en un constante diálogo para el equilibrio. La ciudad de hoy debe estar en la capacidad de actuar como espejo y reflejo, auto-reconociéndose, entendiendo al pasado como fuente de identidad, para lograr proyectarse a futuro como resultado y amalgama de lo existente y lo expectante, a través de un acto de inteligencia y respeto.