La capacidad funcional del sistema económico para asumir el papel de integrador autorreflexivo en la sociedad describe el modelo de significado dinámico-binario que hace oscilar entre el optimismo y el pesimismo la lógica de la selectividad del modelo de racionalidad dominante (Beriain, 1996), en el que se configura un marco ilusorio de intervención orgánica-política que a la vez que incrementa su rendimiento, injerencia y poder decisorio, impide o invisibiliza la puesta en marcha de alternativas fácticas provenientes de la vida social, donde lo nuevo o alternativo deviene en parte integral de lo mismo.