El encuentro entre el cine documental y la animación no es un fenómeno nuevo, pero en las dos últimas décadas se ha convertido en un fenómeno cada vez más frecuente: la inclusión de secuencias animadas en los documentales es ya una práctica habitual, y las películas de animación ya no se centran únicamente en mundos imaginarios, sino que también han empezado a retratar el mundo real.1 Sin embargo, este encuentro no es fácil, como señala Anabelle Honess Roe