Dos relatos sobre el dolor ajeno. Dos madres convalecientes en una cama de hospital, dos hijos sentados en el sillón contiguo a esa cama. Dos hijos que escriben en primera persona para intentar escaparle al dolor con la simple diferencia que uno usa su nombre para hacerlo y el otro elige modificarlo. Me interesa leer juntos El desierto y su semilla de Jorge Baron Biza y Canción de tumba de Julián Herbert para indagar en el problema del nombre propio. En el análisis sobre la ambigüedad entre autobiografía y novela que revelan ambas autoficciones, quisiera problematizar sobre la elección del nombre para poder primero establecer la operatividad del término autoficción; y segundo, señalar, en cada caso, la singularidad de la voz narrativa a través de la técnica que pone en tensión los mecanismos de recuerdo y memoria