Ante la reiterada denuncia de una crisis de valores y la abundancia de soluciones salvadoras para esa misma crisis, vale la pena arriesgar y explorar otra posibilidad que vaya en contravía de las explicaciones funcionalistas que se orientan a señalar los profundos vacíos del estado y a formular lo que este debería ser; y de las posiciones intelectualistas que pretenden dar cuenta del conflicto estableciendo una comunidad ideal de habla enmarcada en normas comunicativas objetivas y universales.