Los suplicios ejercidos como tecnica del poder para castigar el cuerpo, se modifican a lo largo de la historia, dandole paso a una nueva concepcion del castigo que recae sobre el alma. La complejidad de este proceso que conduce de los suplicios a la vigilancia (del poder de desmembrar al poder de mirar) necesariamente lleva a una metamorfosis radical del poder en cuanto tal; pues asi como lo muestra el mismo Foucault (tanto en su comprension de lo carcelario social, como en su elaboracion sobre la simultanea articulacion de saber-poder que en la Modernidad viene a colonizar el sexo) el poder ya no se puede entender desde una perspectiva negativa, excluyente, sino desde una perspectiva positiva incluyente. Es decir, que el poder produce: discursos, instituciones, practicas, que moldean al individuo. Por tanto, el poder funciona como red de relaciones, no se impone de arriba hacia abajo sino que se ejerce: todo individuo participa en esa red de fuerzas multiples que recibe el nombre de poder. Este es quiza uno de los efectos mas relevantes de lo que supuso el transito del suplicio de los cuerpos propiedad del soberano, a la vigilancia y control colectivo de los cuerpos insertos en una sociedad de deberes y derechos.