Agua, tierra y seres vivos, entre ellos los seres humanos, comparten un hogar común, conforman una red originaria, tejida por interacciones entre cada uno de ellos. Contra esta trama que posibilita la vida, se erigen los megaproyectos de un grupo de países y empresas. Reflexionaremos acerca de uno de ellos, el Proyecto de Integración Energética de América del Norte, diseñado como “negocio de energía” transnacional, cuyo propósito es saquear el territorio mesoamericano. Uno de sus componentes es el Corredor Hidroeléctrico Mesoamericano, cuya finalidad es la explotación de las cuencas hidrológicas regionales: 108 del sureste mexicano y 135 centroamericanas; estas últimas representan el 19% de los sistemas hídricos regionales y 10,7% de los planetarios, sustento del 10% de las formas de vida conocidas. En la región viven 55 pueblos mayas y 45 millones de personas: 50% bajo la línea de pobreza y 70% de habitantes rurales pobres o indigentes; para ellos, estas hidroeléctricas significan desalojos y destrucción de selvas y bosques. Ellos resisten enfrentando Gobiernos que ceden territorio para enclaves transnacionales, a costa del derecho a vivir, anterior a todo sistema político. Ante esta situación, ¿cuál es el deber de la filosofía? ¿Cuál su compromiso con todos los que participan en la búsqueda de la vida digna, el buen vivir? El presente artículo es producto de una investigación bibliográfica y documental, y se propone reflexionar sobre estas preguntas; es el resultado de la reflexión colectiva que se desarrolla dentro del Seminario Sociedad del Conocimiento y Diversidad Cultural, de la Universidad Nacional Autónoma de México, dirigido por el Dr. León Olivé Morett
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Extractivism and Socioeconomic Issues
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FuenteBoletín De Antropología Universidad De Antioquia