En anos recientes, el incremento en la resistencia a los farmacos antiproliferativos utilizados en el tratamiento del cancer (Ling et al., 2010), asi como en la resistencia bacteriana (Chang et al., 2003; Whichard et al., 2007) se han convertido en problemas de mucho interes para la salud publica. En la actualidad, no existe una terapia 100% efectiva contra el cancer diseminado y aunque las terapias pueden ser altamente especificas, se ha observado que la resistencia es intrinseca al cancer y a medida que las terapias son mas efectivas, la resistencia adquirida tambien lo es (Gottesman, 2002). Por otro lado, Las infecciones causadas por bacterias resistentes no responden al tratamiento ordinario y como consecuencia se eleva el riesgo de mortalidad. Solo por citar un ejemplo, cada ano se registran incidencias globales de 440000 casos de tuberculosis multirresistente con indices de mortalidad que superan las 150000 defunciones. La tuberculosis ultrarresistente se ha notificado en 64 paises (OMS, 2012). El rapido aumento en la resistencia a los farmacos antiproliferativos y antibacterianos induce a tomar varias medidas de control, entre las cuales se puede mencionar la necesidad de buscar nuevas fuentes de moleculas bioactivas.