Pensar el ser humano desde una perspectiva estética y ética es acentuar ciertas operaciones que intervienen en la elaboración del yo. La construcción de una subjetividad se hace a partir de dos componentes que conforman la arquitectura estética: por un lado, ejercida como cuidado de sí, y por otro, la ética como el cuidado del otro. El despliegue de estos componentes tiene un lugar de expresión en la ciudad. En este sentido, el gobierno de la ciudad (que no es un lugar de poder institucional o político) se administra desde un sujeto que se elabora, que se talla a sí mismo como obra de arte. Este cotejo con el sí mismo es gobernabilidad que se hace en la cotidianidad del sujeto, en su vida íntima, a solas; cuando sale a la calle se puede encargar de la ciudad, cuidando del otro, ejerciendo gobernabilidad en la ciudad. Este sujeto es un ser moderno que se reinventa, que se crea ontologicamente, porque la dinámica más importante es el cuidado, el descubrimiento y la realización como obra de arte del sujeto.