Breve defensa de las licenciaturas en Artes [1] Al momento de editarse el presente volumen, causa agitacion un articulado mediante el cual se propone una reforma de los programas de formacion docente. No objetamos que los programas deben ajustarse en sus procesos, contenidos y objetos, en sus premisas y concepciones curriculares. Es asunto impostergable. Sin embargo, lo que nos deja perplejos es que habra una licenciatura en Artes. No solo sorprende el momento en el que se hace tal proposicion (en el que las artes se diseminan en todas las actividades cotidianas, sociales, culturales propias del mundo interconectado y, por otro lado, el tiempo de la busqueda de un pais en paz). Sorprende, asimismo, el desconocimiento de los desarrollos de cada campo artistico, de los efectos de las artes en la configuracion de ciudadania y de las dimensiones del ser humano, cuya argumentacion excederia un tomo completo de nuestra publicacion. El citado articulado es un documento borrador; no obstante, ha dado lugar para que algunos cerremos filas, nos interroguemos sobre sus motivos, la relacion con el pais que queremos, su fundamentacion epistemologica, que es de suyo, un tanto sibilina, por no decir inexistente. Por supuesto, nos ha forzado a pensarnos en nuestro quehacer como formadores de educadores de las distintas artes y practicas de la expresion. Y es que no se ensena y se aprende un arte, tambien un conglomerado enorme de significaciones, tecnicas, esteticas, experiencias vitales, practicas culturales o sedimentaciones simbolicas. Del mismo modo, en cada escenario educativo de las artes se proporcionan universos de sentido sobre la vida, el territorio, el patrimonio, la relacion con los demas y consigo mismo, la amplificacion de la conciencia, la efectividad de las acciones, la afinidad de los sentidos y sensaciones, la precision del detalle, la activacion del deseo por la estetizacion de las labores, el cuidado de si, etc. Esto, de distintas maneras y bajo diversas perspectivas, dentro de cada campo de saber artistico. Cuestiones que parecen ignorar quien redacto el controvertido articulado. Asi es: el desconocimiento de las particularidades del campo de las artes es fehaciente. Cuando decimos campo nos investimos de un saber, unas logicas, tensiones, tradiciones historicas, desarrollos y obras. Cada arte –y la particularidad de sus objetos de estudio– (la musica, las artes plasticas y audiovisuales, las artes escenicas o de la representacion) no permite desarrollos en paralelo; de ser asi, se corre el riesgo de empobrecer en la generalidad, los aspectos especificos que participan de la formacion de los individuos: ?Que formaremos, en el campo disciplinar, vistas las diferencias de fondo, forma, conceptualizacion, tecnica, finalidad y funcionalidad, de las diversas manifestaciones de la practica artistica? Un tema pertinente al articulado es el que tiene que ver con la formacion de profesorado en artes. En la actualidad se ha incrementado la labor docente. La demanda y el crecimiento de la poblacion escolar han obligado a la creacion de varios programas superiores de formacion y, en consonancia, de programas de formacion de docentes, lo que plantea la necesidad de problematizar contenidos y hacer explicitas las tensiones entre la transmision de estos y los saberes, fomentar reflexiones teoricas sobre modelos, dispositivos y efectos de los procesos de ensenanza/aprendizaje artistico. Estos temas apenas empiezan a emerger como campo de investigacion. Pero contienen su propia episteme. Asunto que en el articulado se desconoce de facto. La busqueda de transversalidades –reconocida por todos como una necesidad– no puede conducir a la perdida del estatuto profesional del profesor ni del lugar de enunciacion de cada campo disciplinar artistico. Mientras que el esfuerzo de varias comunidades de investigadores y de cuerpos docentes ha sido el de ir complejizando los procesos de conocimiento de la disciplina para, consecuentemente, profundizar en las pedagogias y didacticas particulares, la reforma propone el desarrollo de programas generalizantes y excluyentes, sin las demandas de calado privativas de cada disciplina. En consecuencia no nos extrana, para seguir argumentando, la inexistencia de una conceptualizacion del arte que justifique tal propuesta. En un pais pluricultural (y rico en practicas artisticas, con diversas poblaciones y necesidades), arte y cultura son escenarios de transmision de saberes, de formacion y construccion de dimensiones humanas en respuesta a las complejidades sociales del pais y del sector educativo; arte y cultura promueven la disminucion de las distancias sociales y economicas, como se manifiesta, paradojicamente, en los propositos del Plan Nacional de Desarrollo y los planteamientos del propio Ministerio de Educacion. En el arte, como en la pedagogia, convergen muchas definiciones, hay un espesor de discursos y de practicas. Son acontecimiento, saber y objeto intensificado de experiencia estetica. De alli que hemos propugnado por una educacion en la que el arte sea el centro estructurante para el desarrollo integral y holistico de la persona; en beneficio del aprendizaje de vivir la vida (recuerdese que para los dadaistas la vida se antepone a todo), de los cambios de valores…, cambio solo posible si deviene de las actitudes culturales, como lo enseno Artaud y sus seguidores. Consideramos que esta determinacion siembra un ambito discriminatorio y de exclusion, por cuanto solo unos privilegiados escenarios educativos podran contar con formacion artistica especifica en musica, artes plasticas, escenicas, visuales, etc. El otro gran sector, ese para el cual es aun mas necesario contar con experiencias esteticas y ampliaciones culturales, podra, si acaso, participar de una gaseosa y generalizada vision de las artes . En ese contexto, aquellos profesionales formados en una disciplina particular, carentes siempre de la formacion, la sensibilidad y las estrategias educadoras, volveran a ser los profesores de la clase de arte . En consecuencia, la formacion artistica seguira siendo cosificada en el fetiche del objeto, la obra, la representacion, como diria uno de los profesores de nuestra Facultad. Por tanto es contradictorio plantear que para mejorar la calidad de la educacion se debe disminuir la intensidad disciplinar de los docentes y su posibilidad de especializarse en ramas especificas del conocimiento artistico. Por el contrario, quienes hemos oficiado como formadores de educadores, por pasion, conviccion y profesion defendemos la idea de la calidad educativa en todos sus sectores y muy particularmente encaminada a publicos marginados, desplazados o sin acceso a practicas culturales mas alla de la television y el videojuego. Por ello, al contrario de recortar periodos, tiempos, creditos, espacios o programas, nos manifestamos a favor de mayor infraestructura para la investigacion en la educacion artistica, las artes, las culturas; a favor de espacios fisicos y de cuerpos de profesores cualitativamente formados para el cultivo de las artes en un pais en paz. Miguel Alfonso Universidad Pedagogica Nacional Junio de 2015 [1] Algunas de las reflexiones que acompanan esta editorial fueron enviadas en comunicacion escrita a la Asociacion Colombiana de Facultades de Artes, instancia desde la cual fueron remitidas al Ministerio de Educacion Nacional.