Los valores son concepciones de lo bueno que iluminan analíticamente y guían prácticamente la acción humana. Con meritorias excepciones la Psicología comunitaria ha descuidado explícitar y discutir abiertamente sus dimensiones éticas y valorativas. Con el fin de remediar parcialmente ese descuido propongo en este artículo algunos valores y enfoques valorativos novedosos en la práctica comunitaria. Sugiero primero modificaciones para adecuar los valores deontológicos -pensados para la clínica- a la mayor complejidad y dinamismo del trabajo comunitario. Propongo así sustituir la autonomía individual por una autonomía compartida que extienda la auto-dirección al conjunto de la comunidad. Introduzco también el auto-cuidado (auto-beneficio legítimo) para garantizar la integridad psicológica y moral del practicante y la sostenibilidad del trabajo comunitario. Resalto después tres valores socio-comunitarios. El desarrollo humano, que junto a la auto-dirección incluye la interacción personal y la vinculación social. El empoderamiento, un valor instrumental, fruto de la conciencia subjetiva, la comunicación y la acción social eficaz. Y la justicia social (valor finalista junto al desarrollo humano) compuesto por: un mínimo vital humano (universal), la distribución equitativa de los bienes y recursos materiales y psicosociales producidos por la sociedad y la relación igualitaria con los demás.