Desarrolla argumentos para sostener la separación entre la educación y el mercado, y despliega la idea de una politización de la educación contemporánea como manera de impulsar el re-nacimiento de un espacio público cuyo contenido no sean las relaciones de mercado, sino forjar un mundo común. La crítica a la mercantilización de la educación estriba en la generación y consolidación de ciudadanos irresponsables, es decir, preocupados única y exclusivamente de satisfacer sus necesidades, usando a los otros ciudadanos como medio para ello.