Hace catorce anos, al finalizar mi doctorado, me entreviste con la directora para temas de genero en America Latina del Banco Mundial. Al termino de nuestra conversacion me dijo: ‘Yo creo que en cuanto reformas legales, en America Latina ya hemos logrado lo suficiente, no hay mucho mas que debamos hacer.” Esa frase me impacto y, a mi regreso a Bogota, pense mucho en su alcance. Por una parte, parecia tener razon; cada vez las mujeres tenemos mas derechos. Hemos pasado de ser protegidas casi exclusivamente como madres, a tener el derecho a la igualdad consagrado constitucionalmente; somos titulares de una ley de cuotas que reglamenta la efectiva participacion de la mujer en los cargos de direccion y manejo en el sector publico; nuestros derechos laborales son protegidos de una manera reforzada; y hemos sido testigos de la criminalizacion del acoso , los aumentos en la penalizacion de la violencia domestica y de la contabilizacion del trabajo de cuidado en las cuentas nacionales asi como la obligacion de los partidos y movimientos politicos de incluir un porcentaje de mujeres en sus listas para cargos de eleccion popular. Estos son solo algunos ejemplos del amplio conjunto de normas encaminadas a promover la igualdad de genero o, por lo menos, corregir las dificultades que enfrentan las mujeres por el hecho de ser mujeres