El deseo y oraciones de Juan XXIII pidiendo que el Vaticano II fuera un Pentecostes para la Iglesia, fue ampliamente escuchado por el Senor. El Vaticano II fue una autentica irrupcion del Espiritu sobre la Iglesia, un acontecimiento salvifico, un kairos. Hay un “antes” un “despues” del Vaticano II.