En este artículo se revisa el papel que juegan –o deben jugar- las emociones en el derecho y, más concretamente, en el derecho penal. Se examinan además los posibles efectos que para el derecho penal tiene –o tendría- la admisión de penas cargadas de emociones, así como el papel que debería jugar la racionalización de la pena en dichos supuestos.