pone en cuestión al "yo" -al mismo-que es cada quien, quebrando y limitando su poder de dominio, apropiación y comprensión, y convirtiéndolo en responsable de su muerte.En el interior de esta relación asimétrica en la que se es, siempre, responsable por el Otro, la justicia aparece bajo la forma de un mandato: el rostro del Otro se impone, se eleva "diciéndome": tú no matarás.