La entrada de las masas en los órdenes de la vida inscribe un ejercicio de disposición capaz de alterar límites, representaciones y signifi cados instituidos y asegurar, de este modo, un dominio capaz de trazar los extremos a los que llega un determinado tiempo.Y si aún resulta posible afi rmar que las nuevas realidades se sirven de la acción, también podemos decir que las masas precisan siempre una acción legitimadora cuando instauran un nuevo comienzo en la vida, afectando la representación y la ley.Entonces no hay gratuidad alguna cuando desde su controvertible espontaneísmo, Rosa Luxemburgo señala que "Una acción de masas directa sobrepasa toda disciplina, toda educación política" (130), porque, precisemos, tal ejercicio suspende todo recorrido, todo punto intermedio para alcanzar de manera efectiva el término.De allí se entiende que las masas constituyan las más de las veces un campo en/de lo opuesto capaz de delimitar signifi cados de cualquier índole, e indefectiblemente ejercen una interrogación, no tanto para manifestar duda o pedir una respuesta, sino para expresar vigor y efi cacia sobre lo que dicen y hacen; de allí también su condición de (y su vital presencia en) lo político, y obviamente su inserción en la lucha por la hegemonía dentro del juego de las relaciones sociales.Y la movilización de las masas ha constituido históricamente una fuerza utópica destinada a secuestrar cualquier defi nición de la política, para dar paso muchas veces a un lustre estético irracionalista que se complace en el número, en los muchos."Liberarse de la ilusión de la existencia objetiva de 'Las masas' e inclinarse a la adopción de una concepción más real y activa de los seres humanos y sus relaciones es, de hecho, realizar una nueva libertad", propone Raymond Williams (56).Pero, como bien lo ilustra la América Latina de los últimos años, las masas constituyen sin duda un lugar necesario para erigir y desplazar fi nes y signifi cados, pues en principio logran anclar los términos de una acción política.Se trata entonces de una fuerza a la que, como diría Walter Benjamin, "los políticos continúan ateniéndose", y en tal diálogo las masas constituyen tanto un concepto como una realidad en modo alguno desdeñable.No podemos negar, sin embargo, que las masas muchas veces resultan incontrolables, maleables, vulnerables y, no lo olvidemos, impredecibles frente a sus propios actos; por ello se tornan peligrosas cuando se acercan a la política y a lo político legitimando un atributo