Comencemos por los derechos. No me detendré en el vidrioso problema de su fundamentación. Solo daré por supuesto, y un tanto dogmáticamente, que existen dos concepciones extremas que me parecen insostenible. Una es la que afirma, en tradición añeja, los derechos naturales. La otra, más actualizada, los reduce a algo puramente fáctico, positivo. Los primeros cometen el error de confundir las convenciones que creamos voluntariamente los humanos en el reino de la cultura con las regularidades que, de hecho, se dan en el reino de la naturaleza. Y los segundos eliminan un aspecto esencial de la racionalidad humana: la crítica y modificación de aquello que no está suficientemente justificado. En nuestros días, el lenguaje de los derechos se ha extendido de tal manera que lo cubre todo, rozando así casi con el ridículo. [Fragmento]