La racionalidad de la raza humana se empezó a manifestar en actividades sencillas y cotidianas para la construcción de viviendas y objetos domésticos. A partir de la lectura de las estructuras y los materiales empleados para la configuración de la naturaleza artificial, se establecen relaciones cronológicas de desarrollo técnico y la relación entre las funciones prácticas, comunicativas y formal-estéticas. Los materiales evolucionaron hacia la búsqueda de la forma más adecuada para el eficiente cumplimiento de la función, para la construcción de grandes urbes, para el comercio, la defensa y la guerra. Complejos artificiales que permiten una narrativa desde la materialidad de las culturas preindustriales como excusa para hablar de la estructura.