La escuela moderna posee formas singulares y específicas de discursividad acerca del cuerpo, que han constituido dispositivos, delimitados desde instancias propias del poder –campos de fuerza– y desde instancias propias del saber –racionalidades–. Estos dispositivos, determinados históricamente, han naturalizado prácticas corporales de sujeción o de resistencia, según se han jugado estratégicamente en ámbitos de expresión de la corporalidad. Racionalidades analógicas propias de los lenguajes artísticos parecen emerger como condición de posibilidad de una corporalidad genuina y completa.