La tuberculosis acompana a la humanidad desde hace siglos. Una de las pruebas mas antiguas son las lesiones de mal de Pott dorsal, presentes en un esqueleto encontrado por Barthel (1907) cerca de Heidelberg, que data de unos 5000 anos antes de Cristo. Similares hallazgos se han observado en momias egipcias (1,2). En 1973 se produce el descubrimiento mas documentado de la paleopatologia de la enfermedad, cuando Allison, Mendoza y Pezia publican en la revista ‘American Review of Respiratory Diseases’ sus hallazgos en una momia de un nino encontrado en Nazca (Peru) con lesiones en el lobulo pulmonar inferior derecho, pleural, higado, pelvis renal y columna lumbar. Cuando se tino el material proveniente de las distintas lesiones segun la tecnica de Ziehl Neelsen, pudo demostrarse la presencia de multiples bacilos acido alcohol resistentes (2,4).