Los grandes avances logrados en el campo de las ciencias biológicas a partir de la década de los 50, han sido aplicados no sólo para demostrar las interrelaciones en cuanto a estructura y función entre seres vivos, tan alejados filogénicamente como pueden serlo un protozoo y un mamífero o una bacteria y un primate, sino también para buscar criterios unificadores en términos generales constantes para todos los sistemas que se consideren vivos.